
Quien observa la ley multiplica las ofrendas;
quien sigue los mandamientos ofrece sacrificio de comunión.
Quien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina,
y quien da limosna ofrece sacrificio de alabanza.
Apartarse del mal agrada al Señor,
huir de la injusticia es sacrificio expiatorio.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías,
pues en esto consisten los mandamientos.
La ofrenda del justo dignifica el altar,
su suave olor se eleva hasta el Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptable,
su memoria no quedará en el olvido.
Glorifica al Señor con generosidad,
y no escatimes las primicias que ofreces.
Siempre que ofrezcas algo, hazlo con semblante alegre,
y paga los diezmos de buena gana.
Da al Altísimo según te dio Él a ti,
con generosidad, según tus posibilidades.
Porque el Señor sabe retribuir,
y te devolverá siete veces más.
(Eclo 35, 1-10)
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